
La desorganizada gestión de la crisis económica demuestra que Berlín no tiene ninguna hoja de ruta para el futuro de Europa. Sin la antigua carga histórica, ha surgido una nueva Alemania segura de sí misma, dispuesta a luchar por sus propios intereses económicos. Sobre todo en el sur, existe la percepción de que una Alemania menos europea busca crear una Europa alemana. Al mismo tiempo, Merkel parece haberse alejado de los principios básicos de la política exterior alemana –Europa y la comunidad transatlántica–, reemplazándolos por una diplomacia comercial bilateral enfocada en nuevas potencias globales.