Terrorismo y Estado de Derecho / Comentario
Dinero y terrorismo
07/01/2005 Por Loretta Napoleoni
El Secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, ha reconocido que la savia del terrorismo es el dinero. Tres años después del 11-S, es evidente que el motor que impulsa la lucha armada es la economía, no la política ni la ideología.
Ésta es la conclusión inesperada y desconcertante de un análisis económico de cinco décadas de terrorismo moderno.
Durante el periodo de descolonización posterior a la Segunda Guerra Mundial, las
organizaciones armadas dependían económicamente de una serie de patrocinadores ricos, que eran las antiguas potencias coloniales.
En 1949, en Indochina, Francia entrenó y financió a maquis, grupos guerrilleros cuyo objetivo era contener la expansión soviética en las colonias francesas. El terrorismo apoyado por el Estado se convirtió en algo habitual durante la guerra fría.
Estados Unidos y la Unión Soviética subvencionaban a grupos terroristas para librar guerras sustitutorias en la periferia de sus esferas de influencia. El elevado coste de este tipo de guerra y su impopularidad entre sus propios ciudadanos obligó a las potencias occidentales a utilizar una mezcla de cauces legales e ilegales para enviar el dinero.
En 1984, en medio de una amplia oposición a la intervención de Estados Unidos en Nicaragua, el Gobierno de Reagan consiguió que el Congreso aprobara un paquete de ayuda económica por valor de 24 millones de dólares, que se utilizó para armar a 2.000 contras.
Aunque la cifra fue aumentando año tras año, hasta que estalló el escándalo Irán-contra, no era suficiente para cubrir el enorme gasto que suponía la contra, así que, con el fin de salvar la diferencia, se pusieron en marcha diversas operaciones clandestinas.
Oliver North elaboró un plan para defraudar a empresas de seguros y bancos estadounidenses que le permitió recaudar casi mil millones de dólares anuales para los guerrilleros.
Otro plan ilegal fue el que permitió que unas armas estadounidenses compradas por la CIA fueran después adquiridas por la República Islámica de Irán, a través de hombres de negocios israelíes y saudíes que cobraron unas cantidades considerables como intermediarios. Los pagos realizados por los iraníes se canalizaban a través de unas cuentas suizas numeradas, controladas por la dirección de la contra.
Como es natural, los contribuyentes estadounidenses acabaron pagando tanto la financiación legal como la ilegal; el peso económico del terrorismo patrocinado por un Estado recae siempre sobre la economía interior de dicho Estado.
Loretta Napoleoni analiza la relación entre el dinero y el terrorismo.
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Bio autor: Loretta Napoleoni
Es economista y ha trabajado para bancos y organizaciones internacionales en Europa y Estados Unidos.


