
El bajo perfil de España en el Mediterráneo en los últimos años resulta decepcionante. Pero tal vez acabe siendo una ventaja: en comparación con otros Estados, España goza ahora de mayor legitimidad y menos bagaje negativo, lo que la posiciona para poder liderar la reforma de las relaciones de la UE con Oriente Medio y el Norte de África. Los intereses de España pasan por encabezar una política europea que respalde las potenciales reformas democráticas.
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