
La Estrategia Conjunta África-UE, lanzada por los líderes europeos y africanos en la cumbre de Lisboa de 2007, ha sido incapaz de cumplir su promesa inicial de transformar las políticas de desarrollo y cooperación. Tres años de una aplicación confusa han puesto de manifiesto la amplia brecha que separa la retórica y la realidad de esta nueva estrategia.
Ambos continentes deben definir las prioridades en su dinámica relación; especialmente ahora, cuando las transformaciones globales y regionales obligan a una revisión, incluidos los recortes en los presupuestos de los países desarrollados a causa de la recesión económica mundial o el creciente desafío a la acción tradicional de Europa en el continente por los nuevos actores mundiales. Independientemente del contexto, no hay un acuerdo claro sobre cómo poner en práctica la mencionada estrategia.