Este artículo de Robert Matthews, analiza el deterioro de la situación de seguridad en Afganistán y Pakistán. En él se destacan algunas paradojas estructurales así como los impedimentos circunstanciales para encontrar una estrategia viable para contener la espiral de violencia y la difusión del extremismo islámico en ambos países.

AFP/Getty Images
En el marco de sombríos pronóstico sobre el empeoramiento de la situación de la seguridad en Afganistán, el Presidente Obama finalmente ha establecido como prioridad para EE.UU la guerra en Afganistán y ha reconocido, entre otras cosas, el importante rol que Pakistán tiene, para bien o para mal, en la estabilización de su vecino.
El dilema para EE.UU y la OTAN quedó más que demostrado con los sucesos ocurridos a principios de mayo de este año, que incluyeron la coincidencia de la cumbre diplomática sobre “AF-Pak” con la sangrienta batalla entre los militares de Pakistán con militantes extremistas islámicos en el valle de Swat, y temas humanitarios emanados por los refugiados en este sitio así como por las víctimas civiles de los ataques aéreos de EE.UU en Afganistán.