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Georgia y Rusia en guerra

11/08/2008 Por Jos Boonstra



  Anatoly Ruhadze/AFP/Getty Images
Lo que empezó como un asalto de Georgia contra el régimen separatista de Osetia del Sur se está convirtiendo en una guerra entre Rusia y Georgia. Osetia del Sur provocó a Georgia, con la silenciosa aprobación de Rusia, Georgia reaccionó excesivamente atacando Tskhinvali, y Rusia llevó el conflicto a otro nivel a través del bombardeo de Georgia. Aunque el desenlace de los acontecimientos sigue siendo incierto, existen varios escenarios posibles y que debieran ser contemplados por los actores internacionales involucrados. Jos Boonstra, especialista de FRIDE en el tema, realiza un breve comentario sobre la situación actual.

1. El cese al fuego debería acordarse tan pronto como sea posible: no sólo entre las fuerzas rusas y georgianas sino que también entre las fuerzas de Abjasia y los militares georgianos. Tanto las Naciones Unidas, la UE y EE UU deberían contribuir a este proceso. Un cese del fuego y la retirada unilateral de Osetia del Sur por parte de Georgia no ha funcionado. Rusia ha intensificado su campaña militar. Georgia se encuentra entre la resistencia armada o la desesperación.

2. En el momento de escribir este artículo, el conflicto se está expandiendo a otras partes de Georgia mientras Rusia anuncia que su campaña está por terminar. Una guerra entre Georgia y Abjasia (el otro Estado de facto no reconocido en territorio georgiano) podría encender todo el territorio del país. Además, ello podría agregar nuevos elementos al conflicto, tales como el vínculo entre Georgia y potenciales disturbios y conflictos en el norte del Cáucaso. Guerrilleros e islamistas fundamentalistas de Chechenia, Daguestán e Ingusetia podrían apoyar a las fuerzas de Osetia y Abjasia, tal y como ocurrió a principios de los 1990. Hay un pequeño riesgo de que este conflicto también pueda extenderse a otros dos conflictos congelados en Moldavia (Transnistria) y Azerbaiyán (Nagorno-Karabakh). Sin embargo, como los líderes de ambas repúblicas separatistas tienen un acuerdo de asistencia militar mutua en caso de necesidad con sus contrapartes en Georgia, las hostilidades inmediatas en esas regiones son más que improbables a estas alturas.

3. La política rusa con sus vecinos más cercanos ha sido la de mantener el estatus quo, llegando a debilitar a sus vecinos otorgando ayuda a entidades separatistas. Ahora que el estatus quo se ha perdido y el conflicto congelado se ha vuelto a encender, Moscú siente que ha llegado el tiempo de realizar un cambio permanente en el panorama político. El Presidente de Georgia, Mijaíl Saakashvili, no resulta acorde a la visión que tiene Rusia de Georgia y el sur del Cáucaso. El autoritario, disidente y pro-occidental presidente georgiano ha mantenido roces constantes con Rusia desde su llegada al poder en 2004 gracias a la revolución rosa. A principios de este año Saakashvili estuvo bajo una fuerte presión interna tras ser acusado de haber cometido fraude en las elecciones. Si Rusia puede convencer al público georgiano de que fue Saakashvili y su entorno quienes iniciaron el derramamiento de sangre, su posición podría llegar a ser insostenible. Es improbable que Rusia pueda instalar una marioneta del Kremlin en Tbilisi con la aprobación de la población. No obstante, Rusia todavía puede en este punto elegir el camino de derrocar a Saakashvili.

Getty Images
4. Tal y como se está desarrollando el conflicto es evidente la falta de poder de la ONU, la UE, la OTAN y la OSCE. Con Rusia ocupando un asiento permanente en el Consejo de Seguridad, que incluye el derecho al veto, este organismo se convierte en irrelevante mientras dure el conflicto. La UE está tratando de promover una reacción consensuada y ello explica la falta de una resolución definitiva. El Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Bernard Kouchner (que preside el Consejo de la UE) y su homólogo finlandés, Alexander Stubb (quien ocupa el cargo en la OSCE); actuando como enlaces, están coordinando un acercamiento entre Tbilisi y Moscú. Es probable también que el Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de la UE, Javier Solana, esté trabajando entre bastidores con los líderes de Rusia y Georgia para encontrar una salida. Estados Unidos ha sido el único que ha reaccionado en términos claros y ha tomado el liderazgo para pedir a Rusia que termine con la ofensiva. Una presión concertada sobre Rusia que no sólo involucre a EE UU, la UE y la OTAN sino también a China y a otras potencias, también es necesaria en estos momentos. Lo que está claro es que el camino de Georgia hacia la democracia (incluyendo su membresía en la OTAN y el fortalecimiento de vínculos con la UE) ha sido severamente dañado y es poco probable que Georgia pueda estar pronto en el camino de la reforma.

Después del conflicto

1. Sea como fuere que se resuelva el conflicto, ambas partes habrán alcanzado un objetivo inicial. Georgia ha estado buscando el cambio del estatus quo de los conflictos congelados – a través de la mediación y las la negociación– desde que Saakashvili llegó al poder. Después de esta guerra, Rusia nunca más debe ser vista como un mediador imparcial. A pesar de que Rusia es garantía de seguridad para Osetia del Sur, a cuyos habitantes otorgó pasaporte ruso hace pocos años, no debe tener reconocimiento internacional para su misión. En términos de quién puede proveer fuerzas de paz, es posible que la ONU pudiera hacerlo, junto con una fuerza policial adicional de la UE. Sin embargo, será imposible que la OTAN participe. Rusia ha conseguido un objetivo demostrando su poder militar y la capacidad de sus líderes para reaccionar con rapidez. Este hecho puede ser por supuesto una ventaja para su estatus internacional, pero a la vez puede significar un declive de la confianza internacional en Rusia.

2. Las relaciones entre la UE, EE UU y la OTAN, por un lado, y Rusia por otro, quedarán gravemente dañadas. El despliegue de poder ruso será relacionado con las antiguas políticas del Kremlin tales como la cancelación de envíos de energía, el bloqueo de los acontecimientos en los Balcanes y una agresiva retórica anti occidental. Rusia podría haber cruzado la línea de lo que es aceptable, su agresividad puede dañar sus intereses de largo plazo de desarrollarse como un poder internacional respetado y una economía moderna y exitosa. No está claro hasta qué punto las potencias occidentales podrían avergonzar y culpar (e incluso castigar) a Rusia, dado que carecen de la posibilidad de salir en defensa de Georgia sin verse involucrados en el conflicto directamente. .

3. Los actuales mecanismos de prevención de conflictos y de alerta previa han fallado. La alertas tempranas (por ejemplo del Internacional Crisis Group) sobre las sospechas acerca de que Georgia reclamaría por la fuerza la devolución de territorios perdidos no fueron asumidas por los Estados miembros de la UE, ni por EE UU, ni por otros actores internacionales. Tanto la ONU, que desarrolló el principal mecanismo internacional de alerta en Abjasia y la OSCE que lo hizo para Osetia del Sur, han fallado en sus labores esenciales de alertar con rapidez y de prevención del conflicto. Las conversaciones en el seno de la ONU con miras a la reestructuración del Consejo de Seguridad deben seguir adelante urgentemente, y también los miembros de la OSCE necesitan repensar drásticamente la organización, que ha perdido relevancia tanto por la obstrucción rusa a la dimensión de los derechos humanos como por el descuido de los aspectos de seguridad.

4. La UE necesita actuar como un todo y decidir si el sur del Cáucaso es parte de Europa (como lo es Rusia) o si la región debería ser considerada parte del patio trasero de Rusia. ¿Para qué sirve la Política Europea de Vecindad orientada a la asistencia y la diplomacia a la luz de estos hechos? Los intereses energéticos en Georgia son sustanciales: el oleoducto de la BTC y el gasoducto de la BTE, que pasan a través de Azerbaijan y Georgia hacia Turquía, son esenciales para la seguridad de Europa en materia de energía. En ese sentido, ni la UE ni EE UU podrán abandonar completamente Georgia. Otro tema que necesita ser resuelto con decisión, dependiendo de lo que acontezca (ocupación rusa o independencia de Georgia bajo el actual liderazgo) es quién ayudará a reconstruir Osetia del Sur y Georgia en su conjunto. Reconstruir los edificios y la infraestructura destruida en Georgia y en Osetia del Sur será sólo la parte menor de un compromiso de largo plazo en el sur del Cáucaso que requerirá una intensa coordinación internacional y miles de millones de euros y de rublos. Y lo que es más importante, el camino de Georgia hacia la democracia (incluyendo la membresía en la OTAN y el reforzamiento de vínculos con la UE) quedará severamente dañado y parece poco probable que los georgianos puedan estar en el camino de la reforma en poco tiempo.

Cualquiera que sea el resultado de este conflicto, de momento se puede concluir que: el número de muertos en ambos frentes significa un desprecio a la vida humana; que las relaciones internacionales no se han visto tan afectadas tan severamente desde el 11-S y que Europa no es un continente en el que la guerra haya sido erradicada.

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Palabras clave

Conflicto Diplomacia Georgia Rusia

Bio autor: Jos Boonstra

Asia Central. Europa del Este. Balcanes. Cáucaso. CSDP.OTAN.OSCE. Reforma al sector de Seguridad. Partenariado Oriental.