Las zonas fronterizas de América Latina se han vuelto el epicentro de la inestabilidad y la violencia extrema. Los intentos de México por combatir el tráfico de drogas en su frontera con EE UU y la disputa entre Ecuador y Colombia provocada por la incursión militar colombiana contra el campamento de las FARC en territorio ecuatoriano, expresan los dilemas que surgen de enfrentar el tráfico clandestino y a los grupos armados a lo largo de espacios fronterizos donde el poder del Estado es más bien débil.

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La nueva estrategia hemisférica de seguridad estadounidense propone un enfoque integrado y cooperativo para enfrentar estos problemas y otras “amenazas emergentes”. En este comentario de Ivan Briscoe, se señala que las soluciones militares en contextos marcados por la debilidad institucional, poderosas redes ilegales y estructuras burocráticas escasamente cooperativas han resultado poco efectivas en el largo plazo, mientas que la concentración de amenazas a la seguridad a lo largo de las fronteras acentúa la desconfianza entre los países y debilita la cooperación.