¿La ampliación y la Asociación para la Paz (PfP, en sus siglas en inglés) siguen siendo para la OTAN herramientas eficaces para la promoción de la democracia? Y, en este sentido, ¿qué se puede esperar de la próxima Cumbre de Bucarest en abril?

Jaap de Hoop Scheffer, Secretario General de la OTAN / © NATO
Desde el final del Pacto de Varsovia en el inicio de los años noventa, la OTAN ha crecido hasta incluir diez nuevos miembros, la mayoría en paralelo con el proceso de ampliación de la UE.
Si bien los actuales aspirantes a miembros - Albania, Croacia y Macedonia - y los países que ambicionan unirse al Plan de Acción para Afiliación (Membership Action Plan, MAP) - Georgia y Ucrania - están reformando sus sociedades y democratizando sus estructuras de defensa, varios otros miembros de la PfP ya no dan por sentado el modelo de democracia al "estilo Occidental" defendido por la UE y por la OTAN.
Una vez que la OTAN no se dedica al cambio democrático de régimenes, pero sí trabaja a través de la asistencia en reformas graduales, las opciones para hacerlo eficazmente necesitan ser revisadas.
Jos Boonstra explora en este Comentario de FRIDE los desafíos y las oportunidades que se presentan tanto a la OTAN como a los países que esperan unirse a la organización en los próximos años.