Estados frágiles / Artículo
Afganistán, hacia una estrategia regional
31/12/2007 Por Juan Garrigues
En opinión de Juan Garrigues, el año 2008 será un año decisivo para Afganistán. Por un lado, la comunidad internacional se verá obligada a replantearse su estrategia tras seis años en los que la situación en el país no ha hecho más que empeorar. Por otro, en 2008 se celebrarán elecciones en los dos países que más influencia tienen sobre el futuro de Afganistán: Estados Unidos y Pakistán.
El trágico asesinato esta semana de Benazir Bhutto -la única candidata mínimamente esperanzadora para el futuro de Pakistán- también oscurece las perspectivas para Afganistán.
Los días del presidente Musharraf están contados. A pesar de obtener cerca de 7.000 millones de euros de ayuda norteamericana a Pakistán desde el 11-S como aliado en la «guerra contra el terror», el general ha perdido el apoyo tanto de sus bases políticas internas como de la comunidad internacional.
Uno de los mayores obstáculos para el progreso en Afganistán ha sido la política conciliadora de Musharraf con los mulás del noroeste de Pakistán donde se refugia la resistencia talibán y probablemente Osama Bin Laden. Sólo se ha enfrentado a ellos -y con considerables resultados- cuando Estados Unidos ha subido la presión.
Una de las razones por las que su principal rival, Nawaz Sharif, no entra en los planes de Estados Unidos es que se le considera demasiado cercano al fundamentalismo islámico; el mismo fundamentalismo islámico que probablemente es responsable del asesinato de Benazir Bhutto y de las presentes condiciones en las que no se puede descartar la posibilidad de un golpe militar. En cualquier caso, ninguna opción parece alentadora para que una política antiterrorista más eficaz en Pakistán y Afganistán vea la luz.
En Estados Unidos, con independencia del partido que gane, el próximo (o la próxima) presidente deberá decidir qué hacer con las 165.000 tropas que actualmente luchan en Irak (en Afganistán hay 27.000). Con la crisis en Pakistán latente, está por ver hasta qué punto Irak seguirá centrando las miras de Washington. La nueva estrategia de la Casa Blanca para Irak tendrá gran repercusión en cuanto a los recursos que queden disponibles para Afganistán y Pakistán.
En Afganistán, donde se celebrarán elecciones en 2009, el proyecto occidental de construcción de Estado está en grave peligro de fracasar. Tras unos primeros años excesivamente triunfalistas en los que se celebraron elecciones y se crearon instituciones locales, Afganistán ha vuelto a caer en el abismo: la violencia se extiende a zonas antes seguras, el cultivo de opio ha subido un 59% en el 2006 y el gobierno de Hamid Karzai no consigue hacer llegar servicios básicos a sus ciudadanos.
Aparte del santuario talibán en Pakistán y el flujo logístico terrorista que éste permite, la principal razón que explica la situación actual en Afganistán es la descoordinación flagrante entre los 39 países ahí presentes.
Por un lado, ciertos países se resisten a aceptar unas normas de juego comunes para enfrentarse al resurgimiento talibán, al igual que en 2001 cuando se tardó más de dos años en lograr que las fuerzas de la OTAN-ISAF ampliaran su zona de despliegue más allá de Kabul. Y por otro lado, Washington insiste en llevar a cabo políticas ineficaces como la erradicación de la amapola que sólo consiguen acercar la población local hacia la insurgencia.
Ha llegado la hora de que la comunidad internacional desarrolle una nueva estrategia para Afganistán. El enfoque de esta estrategia debe ser asegurar el apoyo de la población contra la insurgencia talibán. Esto significa invertir más recursos en las zonas más inestables del país y elaborar una estrategia regional con Pakistán en el punto de mira.
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Afganistán y Pakistán: Una región en crisisPalabras clave
Afghanistán Al Qaeda Estado frágil OTAN Pakistán Sur de Asia Construcción del Estado Estados Unidos Guerra al terrorismoBio autor: Juan Garrigues
Juan Garrigues es licenciado en Política Internacional por la Universidad de Virginia y tiene un Master en Estudios Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Antes de incorporarse a FRIDE, trabajó en el CITpax como Gestor de Proyectos y en el Departamento de Asuntos Políticos de la Secretaria de las Naciones Unidas como Associate Political Affairs Officer.

