En julio de 2007, FRIDE publicó un documento En Contexto sobre las elecciones parlamentarias del 7 de septiembre en Marruecos (“¿Un gobierno islamista en Marruecos?”), en el cual se analizaron las perspectivas de que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD - Partide la Justice et du Développment) formara parte del próximo gobierno y las posibles implicaciones que esto podría tener en la democracia marroquí.
Muchas de las inquietudes que se plantearon en ese documento quedaron al descubierto después de los comicios. Ninguna otra elección anterior en Marruecos ha atraído la atención de la comunidad internacional como las elecciones parlamentarias de 2007.
Observadores electorales, analistas y corresponsales extranjeros por igual acudieron a Rabat para presenciar un día que se esperaba fuera el que sellara el cambio de Marruecos hacia un ‘gobierno islamista’.
Pero tanto los sondeos como los pronósticos resultaron desacertados: a pesar de que el PJD sí obtuvo un mayor número de escaños, no fue en absoluto un ‘raz de marée’, y el partido no logró cumplir su expectativa de convertirse en la fuerza política de mayor peso.
No sorprende menos que el antiguo partido Istiqlal (independencia) haya doblegado al PJD en términos de popularidad, algo que a los analistas les cuesta trabajo explicar.
El elemento más sorprendente de estas elecciones no es, sin embargo, ni el relativo fracaso del PJD ni el repentino avance del Istiqlal, sino la mísera participación electoral (37 por ciento), según cifras oficiales.
No obstante, se estima que la participación real fue aún menor (alrededor de 24 por ciento), dado que las cifras oficiales muestran los votantes registrados con los votos anulados y en blanco, los cuales acumulan el 19 por ciento de los votos emitidos.
En otras palabras, al menos dos tercios de los marroquíes se abstuvieron de votar, y de aquellos que sí lo hicieron, uno de cada cinco votó en blanco o su voto fue anulado. Por otro lado, los medios marroquíes informan que muchos de los votos en blanco fueron adornados con mensajes de protesta, que expresaban con crudeza su desilusión con la élite gobernante. Kristina Kausch analiza esta esta situación.