El 22 de enero de 2007, Evo Morales, el primer “presidente indígena” en América Latina, cumplió su primer año de gobierno.
Cabe entonces hacer un primer balance crítico de su gestión, marcada por la nacionalización “inteligente” de los hidrocarburos, las primeras medidas de distribución de tierra para comunidades y un atolladero político por la autonomía en los departamentos de Santa Cruz, Pando, Beni y Tarija, las así llamadas ‘tierras bajas’.
Las posiciones radicales, tanto de sectores del partido oficialista Movimiento al Socialismo (MAS) como de grupos regionalistas de élite, podrían poner en peligro la primera Asamblea Constituyente con participación popular de la historia.
Según Barié, Cletus Gregor, el caso boliviano plantea de manera emblemática si los cambios que se requieren en un país de extremas desigualdades pueden darse dentro de un régimen democrático tradicional.