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Moldavia, Transnistria y las políticas europeas de democracia
01/02/2007 Por Jos Boonstra
Durante los primeros 15 años de independencia, la República de Moldavia ha alcanzado progresos muy limitados en el desarrollo de un Estado democrático y económicamente viable. El país continúa siendo muy pobre y el Gobierno ha sido incapaz de avanzar en la resolución del conflicto separatista interno transnistrio.
Recientemente, la atención hacia la cuestión de Moldavia y Transnistria ha
disminuido y ha pasado a un segundo plano en las preocupaciones de Estados
Unidos y los Estados miembros de UE.
Tras darse contra la pared en intentar encontrar posibles opciones para Transnistria, la UE ha dejado de pronunciarse sobre el asunto; la OSCE, mientras defendía su importancia y propósito en general, ha sido debilitada; y, a la vez, Rusia ha estado reafirmando su presencia.
Asimismo, otras cuestiones – Kosovo y disputas energéticas – han adquirido una mayor urgencia en la región que el conflicto de Moldavia, aumentando aún más esa decepción.
Sin embargo, los Gobiernos estadounidenses y europeos, organizaciones internacionales y organizaciones no-gubernamentales (ONGs) han conseguido llegar a Chisinau para tratar la consolidación democrática, y se espera que estén ya de camino a Tiraspol, la sombría capital de Transnistria que apoya la herencia soviética y permanece inmune a la democracia. Jos Boonstra analiza esa situación.
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Palabras clave
Sociedad civil Resolución de conflictos Democracia Promoción de la democracia UE Politica Europea de Vecindad Conflictos congelados Moldova OSCEBio autor: Jos Boonstra
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