Conforme la OTAN ha ido pasando de ser una alianza primordialmente militar a desempeñar papeles de naturaleza más política, se ha hecho conveniente reflexionar sobre su influencia en los procesos de democratización.
A primera vista, puede parecer incongruente incluso el mero hecho de deliberar sobre la importancia que puede tener una organización que es esencialmente militar en la promoción de la democracia.
Sin embargo, la entrada de nuevos países miembro en la OTAN ha estado condicionada, con frecuencia, al cumplimiento de ciertos criterios emocráticos por parte de los aspirantes.
Por otra parte, la asistencia técnica proporcionada conforme a la Asociación Para la Paz (Partnership for Peace, PfP, por sus siglas en inglés) y otros programas se centra, cada vez más, en la reforma de las relaciones de carácter civil y militar.
Por ello, se hace necesaria una evaluación sobre si la OTAN ha influido positivamente en la democratización de distintas regiones, o si su impacto en la liberalización política ha sido marginal, o incluso, negativo.
En este trabajo de Jos Boonstra, se sostiene que las políticas de la OTAN dejan entrever, cada vez más, su apoyo a la democracia, pero que el papel de la organización en la promoción de ésta se ve limitado por una serie de consideraciones estratégicas, y es, en la mayoría de los casos, un efecto secundario indirecto derivado de otros objetivos relacionados, sobre todo, con las reformas en materia de defensa.
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