
La ambivalencia de los Islamistas sobre el fundamento y contenido de los derechos humanos se ha traducido en prácticas constitucionales y legales que hacen peligrar el disfrute de ciertos derechos humanos universales en los regímenes emergentes en Egipto y Túnez. Su concepto de democracia se ha visto reducido a la competición en las urnas con menor aprecio por los derechos de las minorías, las libertades individuales, la separación de poderes y la independencia de las instituciones públicas. Si esta tendencia continua, los Islamistas conducirán los regímenes post-revolucionarios hacia una mayoría autoritaria en lugar de hacia la verdadera democracia a la que aspiraban las revoluciones.