
Tras los levantamientos populares en el mundo árabe en 2011, la polarización sectaria se ha visto agravada. Sin embargo, un análisis más profundo revela que el énfasis de las élites gobernantes en los peligros que ésta entraña sirve a su propósito de aferrarse al poder. La comunidad internacional no debería aceptar el discurso que aboga por limitar las reformas debido a la tensión.